DEIBYS PALOMINO TAMAYO
 Enviado especial 
@DPalomino10

En un cuarto donde nacieron los hermanos Viga, en Caño Viejo, vereda ribereña del Sinú en jurisdicción de Lorica (Córdoba), la familia liderada por Luis Alberto y su hijo, Armando Viga, ahora es el criadero de miles de tortugas de río.

Dos espacios lo dividen, adentro la humedad es asfixiante: es la temperatura ideal para la cría de la especie podocnemis lewyana. En las estanterías reposan los huevos que la familia y la comunidad recogen en el Sinú, antes que sean presa de depredadores.

La población vecina de San Nicolás de Bari, esperó un año para liberar los neonatos en el río que baña a esa pequeña vereda de cuatrocientos habitantes.

Impacientes recorrían una pileta, de donde fueron sacadas en recipientes y luego liberadas en el lecho del Sinú. Una carrera jubilosa a la libertad emprendieron mil doscientos cuatro neonatos que cumplieron el ciclo de rescate, rompimiento de cáscara, observación y cría.

Hace trece años nació el proyecto de rescatar, proteger y preservar la especie, de la que solo hay existencia en los ríos Magdalena y Sinú. No fue fácil persuadir a pescadores y cazadores para que mutaran a protectores y conservacionistas. Sentado en un taburete y sosteniendo un bastón, Luis Alberto Viga, antiguo cazador, anota que comenzó a preocuparlos la notable disminución de tortugas en su entorno.

Recuerda que a principios de los 90, cuando inició la construcción de la Hidroeléctrica Urrá, comenzaron fluctuaciones en los niveles del río Sinú, ello incidió en los tiempos de desove de la tortuga, que ya no estaban sincronizados con la aparición de las playas en el afluente.

Entonces se propusieron la misión que cumplen a través de la Asociación para el Desarrollo Comunitario y Mejoramiento Ambiental de Caño Viejo, Asprodecavi: de manera artesanal recorren la ribera, a pie y en chalupas, en busca de huevos, luego llevarlos al improvisado laboratorio de la familia Viga, que de manera empírica han liberado más de dieciocho mil neonatos desde 2006. La Corporación ambiental CAR-CVS, la Hidroeléctrica Urrá y la Fundación Omacha se unieron con acompañamiento técnico.

Cuenta Armando Viga que el cuarto criadero tiene su secreto. En él ingresó una pareja de amigos con problemas para tener hijos. Incrédulos entraron y salieron sudorosos por la humedad que en adentro domina. Al cabo de varias semanas llegó la noticia del retraso en la mujer, que a los nueve meses tuvo a su primer hijo.

La tortuga de río goza de protección desde 1964. Está incluida en el Programa Nacional para la Conservación de las Tortugas Marinas y continentales de Colombia. Su carne y huevos son apetecidos por su alto valor nutritivo, especialmente en la temporada de Semana Santa, donde la caza ilegal, venta y consumo se disparan.

El veterano pescador y su hijo sostienen que en verano logran recolectar hasta dos mil huevos. De estos nace el 75 por ciento, unos 1.731 neonatos; el restante 35 por ciento no culmina el proceso, apuntan que al parecer por la contaminación del río.

Después de la última liberación aguardan que los neonatos cumplan su ciclo natural, que será completado por las manos de quienes antes las esperaban para cazarlas y meterlas en la lista roja de especies amenazadas.

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