A pesar de no ser su hijo, Ana Rosa Llorente Ramos quería a Nadin Alfonzo Benítez Herrera, como si lo hubiera parido. Hacía varios años vivía con él en una humilde casa del corregimiento Los Garzones, en el norte de Montería, pero Nadin le daba muchos problemas, según vecinos porque el hombre supuestamente es adicto al consumo de sustancias alucinógenas.

El miércoles 28 de agosto en la mañana, la mujer le dijo algo a su hijastro que no le gustó y la respuesta que recibió fue un fuerte golpe en la cabeza y cuello. Ana Rosa, quien contaba con 50 años, fue trasladada hasta un centro asistencial, pero a los pocos minutos falleció.

Tras conocer el hecho la comunidad intentó hacer justicia por sus propias manos, pero el agresor fue capturado.