Desde antes de nacer, Leicy Santos ya era futbolista, según el testimonio de su mamá, Diana: “En el último mes de embarazo era patada tras patada”. Hoy, Leicy es la figura de la Selección Colombia que acaba de ganar, por primera vez en su historia, el oro en el fútbol femenino de los Juegos Panamericanos.

Leicy nació en el corregimiento San Sebastián, en Lorica (Córdoba), el 16 de mayo de 1996. Y allí mismo empezó a jugar al fútbol siguiendo los pasos de su padre, Elizaith, quien quiso ser futbolista profesional, pero le ganó el amor por Diana: se fue con ella a Cartagena el mismo día que le llegó la citación para la Selección Sub-20 de Córdoba. 

A los 11 años, fue goleadora de un torneo de fútbol femenino de mayores. El premio fue un pollo asado con gaseosa, más 20.000 pesos en efectivo. Pero después sufrió con la comida: cuando se fue a Bogotá con su familia a probar suerte, muchas veces pasó la noche solo con arroz y café.

“Cuando llegamos la primera noche a la casa donde íbamos a vivir en La Gaitana, en Suba, íbamos con dos maletas y una caja. El trasteo de nosotros cabía en un taxi. La señora que nos había arrendado, cuando vio eso, preguntó por el trasteo. Como no traíamos nada más, la señora nos preguntó qué era lo que veníamos a hacer acá, que así no nos podía arrendar. Mi papá la convenció: que nosotros teníamos nuestras cosas en Lorica, teníamos casa allá, pero que vinieron a apoyarme a mí porque yo jugaba fútbol. Esa noche no teníamos ni dónde dormir. Nos tocó a los cuatro juntos, solo con una cobija”, recordó.

La primera cama en Bogotá se la dio Pedro Rodríguez, su mentor en el fútbol y técnico del club Besser. “Yo dormía con mi hermano en una colchoneta. Un día, como a las 12 de la noche, empezaron a tocar la puerta. Cuando abrimos, era él: llegó con la cama del hijo, que la acababa de cambiar. ‘Una deportista tiene que descansar bien. Esto es para que puedas descansar mejor’, me dijo”. 

Leicy Santos ha vestido la camiseta tricolor varias veces.

Con Besser jugó un amistoso contra la Selección Colombia que dirigía Felipe Taborda y después de verla jugar, le dio confianza. Pasó por todas las categorías hasta llegar a la de mayores y estuvo en el Mundial de Canadá 2015, aunque lo hizo como suplente de Yoreli Rincón. La responsabilidad de ponerse la 10 le llegó en los Olímpicos de Río 2016, a los que Yoreli no fue por lesión. 

“Muy lindo. Mucha emoción de ver tu apellido, no solo con el 10, sino en la camiseta de tu selección, de tu país. Es lo más lindo e importante que uno como jugador puede tener”,
 explicó.

Hizo parte del primer campeón del fútbol profesional femenino, Santa Fe, en una liga que pidieron a gritos. Se despidió ovacionada en el primer clásico frente a Millonarios. Ahora se va al Atlético de Madrid. Y con tres goles y asistencias clave, ayudó a llevar a Colombia hasta el primer oro panamericano, en Lima. 

*Tomado de El Tiempo.co