DEIBYS PALOMINO TAMAYO

Por las calles de Chinú, Córdoba, un hombre con cachucha y cabeza rapada que vende rosquillas y diabolines, llama la atención de todos. Atraviesa las calles del pueblo y llega a la carretera troncal que lleva a Sincelejo. Al pie del peligroso corredor de carga conocido como la Esquina Caliente, grita y repite y repite y repite ¡a la orden rosquillas, diabolines, a mil a mil, a mil!

Los camioneros, choferes de taxi, viajeros y comerciantes de artesanías son sus clientes. Y en las mañanas vende los pasabocas en la escuela donde estudió. El promedio de ventas diarias es de treinta mil pesos, que sirven para sus necesidades y para ayudar con los gastos de la casa.

De Camaleón a varón de Dios

Del explosivo, polémico y desenfadado joven que a los 18 años sorprendió al jurado del reality Protagonistas de Novela y se metió en la casa estudio, no queda nada. Su melena rojiza y piel pálida desaparecieron: ahora luce rapado, con un incipiente bigote y huellas de acné en su rostro.

Su timbre de voz también es distinto. Intactos su caminar y su popularidad, en su pueblo natal de las sabanas de Córdoba, su presencia no pasa desapercibida, tampoco en la iglesia evangélica a la que asiste religiosamente desde que sintió que su vida no tenía sentido. Precisamente allí fue donde su personalidad y su vida dieron un vuelco.

El cambio físico de Óscar Naranjo es notorio. Cuando tenía 18 años tenía el cabello largo.

LA FLECHA ingresó a la casa familiar de Óscar Naranjo. Ahora tiene 25 años y luce sereno. En una red social observa impávido los archivos de su alocada participación en el concurso de televisión que lo lanzó al estrellato. ¡qué locura! dice cuando ve las escenas de la agresión con Elianis Garrido y cuando entró en la profunda depresión que terminó sacándolo de la casa estudio. Asegura que con Elianis y con el resto de concursantes no hay rencor.

Después de su eliminación, en Chinú su regresó alteró la vida cotidiana. Llegó encaramado en un carro de bomberos lanzando besos y alborotaba su melena. El furor pasó rápido en el pueblo, pronto Óscar extrañó ser la atracción. La primera crisis fuerte la experimentó en Cartagena cuando en una peluquería le cambiaron el color a su cabellera: era parte de su sello con el que proyectaba su personalidad. Entonces pasó al encierro.

Confiesa que le llovieron contratos y que así como llegó el dinero se le esfumó: ya salido del clóset vivió desaforado, por donde pasaba no disimulaba su inclinación sexual; reconoce que en Medellín pasó todos los límites, hasta dormir en la calle. También admite que intentó suicidarse.

El amor tocó su corazón

Fue en Cartagena donde tuvo el primer acercamiento con Dios y la Biblia, una allegada lo arrastró hasta la iglesia cristiana. Óscar Naranjo comenzó a pensar, a actuar y hablar distinto.

Acepta que no fue fácil asumir su nueva vida. Lejos de entrevistas, contratos y cámaras de televisión. Ahora su principal número actoral es el giro de su vida y de su estilo alocado.

Su madre Belinda Naranjo es el principal soporte.

El extenso patio casero donde construía sus monólogos actorales, ahora es su principal refugio para leer pasajes bíblicos. A la sombra de un frondoso árbol de mango se sienta con su madre Belinda Naranjo, sordomuda, a quien le cuenta su día a día. Él traduce que ella sufrió mucho cuando abandonó el reality y se dejó consumir por tentaciones y desesperos. Con lenguaje de señas expresa que está tranquila con el cambio radical de su hijo.

En el epílogo de la entrevista Óscar Naranjo revela que expulsó la homosexualidad de su cuerpo. Comenzó por cambiar su apariencia física, con el corte de cabello comenzó la liberación; en cambio aparecieron vellos entre nariz y boca, su tono de piel comenzó a atenuarse, «la piel del camaleón cambió, ahora estoy más quemado», apunta y suelta y una tímida risa.

El siguiente cambio fue con voz, los dejos de delicadeza ya no salen. Con su nuevo tono se atrevió a enamorar a una joven cristiana. Advierte que cuando sintió atracción hacia ella se extrañó y se aguantó dos años sin decirle nada a la mujer que le flechó el corazón. Finalmente se apretó los pantalones y le soltó toda la parla para que cayera rendida. Después de una pausa la destinataria de sus flechazos le dijo que no estaba interesada en él, pero que se alegraba verlo y oírlo así.

El desamor lo desahogó con una tía, que le auspició que esa joven no es la mujer de su vida. Que ya vendrá la que Dios pondrá en su camino.

Óscar se reafirma en el nuevo papel de su vida, el que vive en el anonimato de Chinú, lejos de cámaras, sin el acoso de la fama; aunque reconoce que ese pasado es su principal carta de presentación, dice que ahora es un varón de Dios. 

Su trabajo informal lo combina predicando el Evangelio con sus clientes.

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