Por Jorge Otero Martínez

Por aquellos tiempos de Agenda Noticiosa y Poder Costeño, lo recuerdo siempre sentado en una banca del viejo parque Laureano Gómez, resolviendo un enorme crucigrama llamado “Rompecocos” que salía en El Espacio. Tenía una soledad atrayente. Alguien siempre estaba dispuesto a hacerle compañía, aguantarse su humareda de fumador inmarcesible y hablar de su tema favorito: la política y la administración. Por esos días escribía con el seudónimo de “Uriarte de Tenerife”y ya había dejado de autonombrarse “Un hombre sin importancia” en sus columnas. De todas maneras, su vida navegaría en los seudónimos, porque muy pocos lo nombraban como Adolfo Berrocal Ruiz. Para todos era Fito Berrocal, tesorero municipal durante 14 años, con la impronta del libardismo. Liberal de pura cepa. Conocedor a fondo de la doctrina liberal y sus personajes. Recomendado personal de Libardo López Gómez.

Un día me dijo: “cómo cambian los tiempos. Cuando yo era el tesorero, el Libus me mandaba a sus dos muchachos a que les diera para el recreo. La tesorería era casi una caja menor del libardismo.”

“(…) El Libus tenía un programa radial que se llamaba Visión Liberal y escribía columnas urticantes o venenosas contra sus adversarios. Con decirte que luego del programa se venía para el parque y buscaba, cuartillas en mano, a su “víctima” del día, entregándoselas a la vez que le decía: “léete esto que escribí hoy contra ti”. Eran otros tiempos, eran otros hombres…”

Resultaba delicioso hablar con él de los albores de la política cordobesa y sus mil anécdotas con personajes broncos convertidos en alcaldes, gobernantes o políticos. Se las sabía todas en materia política y politiquera.

Pero hoy, todos esos compendios de conocimientos, en los que brillaba su cultura general, su mente admirable y su narrativa fresca, se fueron a la tumba. Así como nos tocará a todos; así como no palparemos los verdaderos sentimientos de afecto expresados en la hora postrera; así como no sabremos a ciencia cierta quiénes nos quisieron de verdad y quiénes huyeron espantados del tronco viejo cuando vieron que sus raíces se pudrían.

Fito concluye hoy su crónica de la vida. La vida sigue y se acabaron sus problemas, si los tenía, pero nos hará mucha falta. Ya no importará lo que pase o deje de pasar. La vida para él, con sus sueños y pesadillas no se volverá a repetir.
Paz en su tumba.

*Tomado de Zenú Radio

0 Comments Tu opinión cuenta, escribe tu comentario →


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *