Un 22 de septiembre de 1985 (hace 34 años) pereció ahogado en el lago West de Miami, el joven boxeador monteriano de 21 años, Robinson Pitalúa Támara. Dos noches antes había anotado su quinta victoria como profesional frente al puertorriqueño ‘Tarzán’ González, y se perfilaba como seguro campeón mundial de la categoría pluma, pero el infortunio se atravesó en su carrera.

Pitalúa había llegado en julio a Miami con la cuerda de ‘Tuto’ Zabala y Jairo Espinosa. Cuando se despidió de sus padres en Montería les anunció que combinaría el boxeo con la medicina, en honor a la promesa que hizo años antes en el féretro de su hermano fallecido de manera trágica.

Dio el salto al profesionalismo con 82 peleas amateur, 12 derrotas; quinto lugar en los olímpicos de Los Ángeles 84 y un palmarés envidiable a su corta edad.

El joven púgil se fue en un bote con su compañero de cuerda Jaime Polo, quien dio el aviso de que Robinson se había sumergido en el agua fría y no volvió a aparecer, aunque inicialmente creyó que era una broma, pues Pitalúa solía hacerlas. Cuando los buzos rescataron el cuerpo estaba en guardia con los puños a la altura del mentón. 34 años después de la tragedia, su familia mantiene intacta su memoria. En su honor hay una escuela pública, un barrio de estrato popular y un árbol sembrado en la Ronda del Sinú. Su padre falleció, siempre llorando la temprana partida de su prometido campeón mundial.