La oferta de agua ha disminuido hasta en un 20 por ciento en las últimas cuatro décadas, con mayor intensidad en los últimos diez años, en cuatro municipios de Córdoba y en la región de la Mojana Sucreña, es la principal conclusión de una investigación de la Universidad de Córdoba.

El estudio descubrió que la disminución aumentó en municipios Planeta Rica, Canalete, Los Córdobas, Sahagún, Chinú, Pueblo Nuevo y en esa subregión del vecino departamento. Las principales causas son la desaparición de los bosques húmedos, tanto primarios como secundarios y de la conversión de muchas áreas en potreros.

La investigación fue adelantado por Teobaldis Mercado Fernández, uno de los conferencistas magistrales del 47 Congreso Internacional de la Sociedad Colombiana de Control de Malezas y Fisiología Vegetal (Comalfi), que se adelanta en la Universidad de Córdoba.

En los seis municipios donde se detectó el descenso en la oferta el servicio de agua no satisface la demanda de los usuarios de las empresas prestadoras, algunas públicas y otras privadas. En Sahagún hubo una inversión de $16.000 millones hace cinco años, pero la insatisfacción persiste. En Planeta Rica decenas de carretas recorren las calles con agua sin tratar para venderla por porciones. Hay un contrato de acueducto regional del San Jorge sin fecha de entrega cierta. En los siete municipios donde opera Aguas del Sinú las inconformidades son permanentes.



“El calentamiento del territorio o aumento de la temperatura en los últimos años está incidiendo en la cantidad de agua de esta zona objeto del estudio, con un efecto primario en las poblaciones y en los sistemas productivos”, sostuvo el profesor Teobaldis Mercado Fernández.

El investigador de Unicórdoba que en los últimos 40 años la temperatura ha aumentado alrededor de 0.8 grados, lo que incurre en la oferta pluvial y regulatoria del agua.

“Este fenómeno se ha intensificado en la última década y todo esto tiene que ver con la intervención del territorio, se han destruido los bosques y una buena extensión se ha convertido en potreros. No estamos en contra de esos sistemas, pero debe propenderse por un equilibrio con el efecto positivo que deben tener las coberturas arbóreas, porque, un árbol frondoso puede retener hasta un 20 % de la cantidad de lluvia en su entorno y esa es el agua que posteriormente vemos en las corrientes y que se infiltra en el suelo”, explicó el experto de la Universidad de Córdoba.

 

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